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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica"

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Iglesia Joven de la Univ. Adventista de San Pablo 

COMENTARIO DE LA LECCIÓN 

I Trimestre de 2008 
"El discipulado" 

Lección 8 

(1 6 al 23 de Febrero de 2008) 

La experiencia del discipulado 

Denis Konrado Fehlauer 



La mayoría de las personas come no sólo por necesidad, sino también por 
placer. ¿Te has dado cuenta, por ejemplo, que no es nada agradable comer 
cuando estás engripado/a? La ausencia de sabor incomoda, porque no hay 
placer. Creo que Jesús es el único camino para escapar de la muerte eterna. 
El mismo se autoproclamó el alimento básico y sustentador de la vida. Com- 
parándose con el pan que tanto necesitamos y gustamos (si bien unos gustan 
más que otros), Cristo sugiere que debemos buscarlo de una manera tan 
constante y permanente como la manera en que nos alimentamos diariamen- 
te. Pero, tarde o temprano, percibimos que esa práctica no sólo es saludable, 
sino placentera. Y cuando eso ocurre, seguramente te preguntarás por qué te 
habías demorado tanto para experimentar el Pan del Cielo. 

Tal vez nuestra mayor dificultad en depender plenamente de Cristo, el Pan de 
vida, resida en la manera en como fuimos creados. Desde pequeños apren- 
demos que necesitamos estudiar, trabajar, conquistar. Triunfar en la vida exi- 
ge que cada persona haga elecciones y prosiga su propio camino. Vale recor- 
dar que eso no es sólo una exigencia de la vida. Se relaciona también con la 
realización personal de cada uno. La idea del crecimiento y de independencia 
promueve una salud emocional, una autoestima positiva en las personas. Así, 
la idea de depender de alguien, aunque sea de Dios, provoca cierta resisten- 
cia en nosotros. Hay una tensión entre la idea de que "algo tengo que hacer" y 
el "voy a confiar en Dios". 

Depender de Él como un recién nacido o un niño depende de sus padres, 
ejemplifica muy bien nuestra mayor necesidad. Sucede que, para los adultos, 
eso exige una gran porción de humildad, es decir, tener una opinión bastante 
modesta de uno mismo y dejar de lado toda arrogancia propia de gente mayor 
y bien resuelta. 

La práctica de depender de Dios, al fin de cuentas, aporta recursos para en- 
frentar las dificultades futuras. Una cosa es creer que Dios vino como hombre, 
murió por nosotros y está allá arriba en algún lugar, y otra es experimentar su 
poder y dirección día tras día. Es un proceso, un curso de aprendizaje. 



Antes de criticar a los discípulos por su falta de fe, debemos recordar que no- 
sotros tenemos las herramientas necesarias para una vida de fe y comunión 
(Biblia y oración) a nuestra disposición. No vemos milagros o cosas sobrena- 
turales. Pero, en contrapartida, podemos ver el cumplimiento de las profecías, 
privilegio que los discípulos no tuvieron. Disponemos también de las orienta- 
ciones de una profetisa moderna que aporta más evidencias de que Dios se 
comunica con los seres humanos. Y aún tenemos las experiencias positivas y 
negativas de los personajes bíblicos que se reproducen en el mundo moderno 
y que nos dan muestras de que vivir la verdad vale la pena. 

Si hacemos un balance general de privilegios y oportunidades, yo diría que 
estamos en pie de igualdad con los discípulos del primer siglo. Podemos cre- 
er, si lo quisiéramos, así. Pero necesitamos experimentar una relación espiri- 
tual con el Dios invisible si queremos vivir de acuerdo con aquello en lo que 
creemos. 

Sin duda que presentar una conducta incompatible con la fe es algo que no 
está bien. Pero creer en el engaño es todavía peor. Si la verdadera doctrina 
no produce frutos en los discípulos de Cristo, a veces lo hace la herejía. Hay 
gente que vive dedicada al error como si fuera la verdad. Predica, escribe, in- 
siste, se infiltra, se inflama. O sea que, mientras aquellos que creen en la doc- 
trina pura están acomodados, los engañadores están motivados y trabajando. 

Creo que es en este sentido que Cristo elogia al "administrador sagaz" de la 
parábola: "Y alabó el amo al mayordomo malo por haber hecho sagazmente, 
porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes 
que los hijos de la luz" (Lucas 16:8, NVI). Aquél hombre fue deshonesto, pero 
no perdió tiempo. ¡Qué bueno sería si los hijos de la luz actuaran con tanta 
energía y rapidez para promover la verdad! (Aquí sería útil abrir un paréntesis. 
Tenemos que tener cuidado con las "nuevas verdades". En principio, necesi- 
tamos conocer por nosotros mismos y procurar percibir si nuestra adhesión a 
determinada doctrina o movimiento no está siendo motivada por heridas no 
curadas del pasado, un espíritu cuestionador exagerado o aún el deseo de 
formar parte de un grupo porque nos sentimos "rechazados" por otro). 

Querer que las cosas siempre se den según nuestro modo puede causar frus- 
tración y abandono de la verdad. Esa es otra razón por las cual algunos emi- 
gran, buscan otros caminos todavía no experimentados con la ilusión de que 
encontrarán personas y circunstancias perfectas. Eso no existe. El discípulo 
debe cargar la cruz de su Maestro. Y, a veces, eso ocurre dentro de la iglesia 
verdadera. 

Al principio de su ministerio, Cristo evitó hablar acerca de su Divinidad. En ese 
momento, tal noticia traería sólo curiosidad y confusión, estorbando su misión. 



Pero notemos que, cuando estaba cercano el día de su muerte, Él aceptó que 
lo proclamaran rey en Jerusalén. Entró montado en un pollino de asna bajo 
las aclamaciones de la multitud. Así llamó la atención hacia su persona en un 
momento estratégico, pues en poco tiempo, todos debían ver al Rey Poderoso 
entregarse como Siervo Sufriente, como Cordero de Dios. Así, nos dio el ma- 
yor ejemplo de lo que significa cargar la propia cruz. No es fácil, pero el discí- 
pulo no tiene elección. 

En el mundo en el que vivimos la única cosa que podemos hacer es tener un 
encuentro diario con el Maestro a fin de preparar la mente y el corazón para el 
momento de la cruz. Como el niño al que no le gusta tener que comer espina- 
cas antes de tomar un helado, nosotros tampoco nos gusta cargar la cruz an- 
tes de vivir las delicias de la eternidad. ¡Pero así es como funciona! 



Un abrazo para ti. 



Denis Konrado Fehlauer 

Pastoral Universitaria 

Universidad Adv. de San Pablo 

Traducción: Rolando D. Chuquimia 

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